Cómo hacer frente a los errores

Gran necedad sería la de quien pretendiese no haber cometido ningún error en su vida, aunque naturalmente no gusta reconocerlos. Además tememos la reacción de los demás: desconsideración, ridículo, humillación. Sin embargo, un somero repaso a la historia reciente del disimulo por parte de empresas y entidades políticas nos enseña que los intentos de ocultación hace inevitablemente más daño que el error originario.


Ni que decir, tiene que procurar evitarlos, pero si se producen, la única línea sensata es dar la cara inmediatamente. De esta manera, no sólo es posible que encontremos más comprensión y más aliados que cuando la noticia del fallo se filtra, sino que podremos, rehacer nuestra confianza en menos tiempo, y el error será historia pasada.


He aquí un enfoque en tres fases para el tratamiento adecuado de los errores:

  1. Si ha cometido un error, asume la responsabilidad. No intentes “echarle el saco” a otras personas. En todo caso cabe alegar circunstancias atenuantes: exceso de trabajo, no haber recibido una información necesaria, siempre y cuando sean ciertas y no meras evasivas.

  2. Menciona lo que has aprendido. Los errores igual que cuales quiera que otros reveses deben tomarse como oportunidades para aprender y su confesión será mejor recibida, seguramente, si así lo manifiesta

  3. Explica lo que te dispones a hacer para remediar el error, y como piensas actuar de otra manera adelante. De este modo restablece la confianza propia y la de sus colaboradores y se franquea así mismo el camino para seguir adelante


En muchos entornos existe todavía una cultura “penitencial”, donde la primera preocupación es ajustarle las cuentas al que se ha equivocado, y apenas se piensa en corregir los sistemas y las prácticas para reducir la probabilidad de que el problema vuelva a presentarse en un futuro. Trabajar en un ambiente así es malo para la confianza y no favorece precisamente la disposición a confesar sus propios errores. Pero aún, en tan difíciles situaciones, yo considero que la franqueza sigue siendo la mejor opción. No es fácil cambiar una cultura penal, pero se puede lograr. Se necesitan personas que además de suscribir en teoría el principio de que todos cometemos errores y merecemos la oportunidad de aprender de ellos, lo trasladen a la práctica en sus relaciones cotidianas con los demás.


Elimina los mensajes negativas:

¿Qué clase de mensaje te transmites a ti mismo cuando incurres en un error? No caigas en la rutina de llamarte idiota o de cuestionar tu propia competencia; aunque de momento parezcan reacciones inofensivas, con el tiempo llegan a erosionar la conciencia de la propia valía. Se un poco más indulgente contigo mismo. Sin tratar de negar el error en ningún sentido, considera que todo el mundo los comete y que es más práctico aprender las enseñanzas que fustigarse uno mismo.


No convierta los buenas decisiones en errores:

Cuando miramos retrospectivamente, muchas veces nos damos cuenta que existían otras líneas de actuación más idóneas. Pero eso no significa que la decisión tomada fuese un error. Tal vez las circunstancias han cambiado en un sentido que no podía preverse cuando se tomó la decisión, o se conocen ahora informaciones que antes no se tenían. Si analizo las opciones y llegó a una conclusión basada en los mejores informaciones entonces disponibles, la decisión sigue siendo buena. Es posible que se deba hacer algo para rectificar la línea de acción que ahora reconocemos menos óptima, pero no hay que marcharse con recriminaciones del tipo “si se me hubiese ocurrido” o “si yo hubiera sabido”.


Excusas estratégicas:

A veces interesa pedir disculpas por algo que no ha sido culpa nuestra, ni incumbía a nuestra responsabilidad. Las excusas de este tipo, utilizadas con habilidad, desarman al oponente y sirve para quitar hierro a una discusión cuando vemos que ésta no conduce a ninguna parte. Siempre que uno mismo tenga claros los motivos de la excusa que no es falta de firmeza sino sólo una cortesía por nuestra parte para superar un punto muerto, se saldrá de la situación con la confianza intacta, o incluso reconfortada. Pero no te acostumbres a presentar excusas de este tipo sólo para simplificarte la vida, porque entonces indicaría una cierta disposición a servir de alfombra a los demás.

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