Cómo tratar con gente difícil

Actualizado: 24 de abr de 2019


Entre los elementos desgastantes con los que nos tropezamos en la vida personal y empresarial destacan los personajes conflictivos. Además de enfadarnos y contrariarnos son capaces de hacernos dudar de nuestra propia valía. Las relaciones personales suelen ser complicadas y aquí no se pretende dar soluciones milagrosas para el trato con los caracteres difíciles. Pero existen algunos principios generales que, combinados con una dosis de buen juicio por nuestra parte, nos pueden facilitar mucho la vida..

Nadie puede hacerte la vida imposible a menos que tú lo quieras. Dr César Lozano

Podemos distinguir dos grupos de personas: Los siempre difíciles y los que se vuelven difíciles, veamos lo que los caracteriza y las líneas de acción recomendables a seguir.


Los siempre difíciles

Algunas personas pertenecen a un grupo que yo llamaría el de los uniformemente molesto, los auténticos profesionales del incordio. Siempre son así, no se recuerda que hayan sido nunca de otra manera, y lo son con todo el mundo. He aquí tres ejemplos:

  • María es una mártir. Se considera explotada, relegada y menospreciada por todos, y no pierde oportunidad de recordárnoslo. A su jefe le da la impresión de que disfruta sintiéndose desgraciada, y le preocupa la posible influencia de ese carácter pesimista sobre la moral del departamento.

  • Pablo sabe escurrir el bulto, conseguir que otros asuman la responsabilidad por tareas que en realidad le corresponderían a él. Por supuesto, cuando algo sale mal también se las arregla para echar la culpa a otros.

  • Andrés es un pequeño dictador. Defiende con fiereza su área de responsabilidad, como si fuese un territorio constantemente amenazado por los invasores. Es incapaz de colaborar en un equipo y como no confía en nadie, tampoco sabe ganarse la confianza de nadie. Se le tolera únicamente por su destacada competencia en lo que hace.


Los que se vuelven difíciles

No todos los difíciles que hallamos en el mundo del trabajo corresponden al grupo de los repelentes de nacimientos. Entre sus colegas, hallará algunos intratables selectivos, es decir, que sienten antipatía hacia ciertas personas o reaccionan mal en determinadas situaciones. Las personas se vuelven de trato difícil en razón de cosas que les han ocurrido, o de percepciones que forman que se forman acerca de otras.


  • Durante algún tiempo Miguel fue el número dos del departamento dirigido por Juan, un jefe ineficaz y cercano a la jubilación. Muchos consideraban a Miguel como el jefe de facto, y se le consultaba para todos los asuntos importantes. Cuando Juan se jubiló, Miguel esperaba heredar el cargo y quedó muy sorprendido cuando nombraron a Carlos, un candidato reclutado en el exterior. Carlos venía cargado de iniciativas y de nuevas ideas, y Miguel descubrió que ya no se le consultaba tanto como antes. Su confianza quedó muy resentida y él reaccionó volviéndose cada vez más discutidor y pesimista. A Carlos le extrañaba y le irritaba esta actitud, pero ninguno de los dos dio ningún paso para resolver sus dificultades de relación.


Situaciones así ocurren todos los días en las organizaciones. En este caso tanto Miguel como Carlos opinaban que el otro era el intratable y el irrazonable. La gente se vuelve difícil por una serie de razones:

  • Están resentidos por algo que les hicimos, o creen que les hicimos.

  • Padecen inseguridad y falta de confianza.

  • Creen que hemos intentado aprovecharnos de ellos.

  • Una tercera persona los ha enemistado.

  • Están inquietos por algo que ocurre fuera del área concreta de trabajo.

  • Creen que no les escuchamos.

Líneas de acción

Bien sea que tratemos con alguno de los incorregibles o con alguien que tiene una dificultad concreta, siempre disponemos de tres líneas básicas: ignorar el problema, tratar de evitar a la persona afectada, o plantear la cuestión.


Por desgracia muchos de nosotros tendemos a elegir una línea fronteriza de estas tres. Eludimos plantearnos directamente la conducta conflictiva, pero le demostramos nuestra hostilidad a la persona por estas vías indirectas:

  • Sarcasmos y desaires

  • Tratar de ningunearle, oponiéndole un silencio hostil.

  • Explosiones, es decir, arrebatos tomando como pretexto alguna cuestión secundaria o no relacionada

  • Criticar y rebajar a esa persona en conversaciones con terceros

Las guerrillas de este tipo pueden durar años y el conflicto enconarse mucho más allá del supuesto agravio inicial. Para ahorrarnos la erosión que producen esas fricciones permanentes, lo mejor es decidir cuanto antes si vamos a afrontar el problema, o aceptar a esa persona tal como es, evitando así que nos afecte. Ante todo vamos a considerar qué efecto tiene el comportamiento de esa persona.

Pregúntese:

  • ¿Impide que yo desarrolle correctamente mi trabajo?

  • ¿Perjudica al trabajo del resto del equipo?

  • ¿Reduce la eficacia de cualquier persona de cuya actividad yo sea responsable?

  • ¿Ofrece una impresión desfavorable a clientes otras personas de cuyas opiniones quizás depende nuestro éxito?

En el supuesto de que la respuesta a todas estas preguntas sea negativa, seremos los únicos perjudicados si continuamos permitiendo que nos altere el comportamiento en cuestión. Perpetuar ese resentimiento nos hará más daño que al otro. La gente siempre hace cosas que tienen el poder de irritarnos; de nosotros depende el permitir que eso nos afecte, o no. En el caso que alguna de esas actitudes si nos afecten, lo mejor es hacer algo al respecto y mientras antes sea mejor.

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